14/03/2008

EL TAO TE KING

TAO TE KING
I
El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.
Sin nombre es el principio del universo;
y con nombre, es la madre de todas las cosas.
Desde el no-ser comprendemos su esencia;
y desde el ser, sólo vemos su apariencia.
Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
origen, aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio.
Y en este misterio
se halla la puerta de toda maravilla.
II
Todo el mundo toma lo bello lo bello,
y por eso conocen qué es lo feo.
Todo el mundo toma el bien por el bien,
y por eso conocen qué es el mal.
Porque, el ser y el no-ser se engendran mutuamente.
Lo fácil y lo difícil se complementan.
Lo largo y lo corto se forman el uno de otro.
Lo alto y lo bajo se aproximan.
El sonido y el tono armonizan entre sí.
El antes y el después se suceden recíprocamente.
Por eso, el sabio adopta la actitud de no-obrar
y practica una en sin palabras.
Todas las cosas aparecen sin su intervención.
Nada usurpa ni nada rehúsa.
Ni espera recompensa de sus obras,
ni se atribuye la obra acabada,
y por eso, su obra permanece con él.
III
No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón,
llena el vientre,
debilita la ambición,
y fortalece los huesos.
Así evita que el pueblo tenga saber
ni deseos,
para que los más astutos
no busquen su triunfo.
Quien practica el no-obrar todo
lo gobierna.
IV
El Tao es vacío,
imposible de colmar,
y por eso, inagotable en su acción.
En su profundidad reside el origen
de todas las cosas.
Suaviza sus asperezas,
disuelve la confusión,
atempera su esplendor,
y se identifica con el polvo.
Por su profundidad parece ser eterno.
No sé quién lo concibió,
pero es más antiguo que los dioses.
V
El universo no tiene sentimientos;
todas las cosas son para él como perros de paja.
El sabio no tiene sentimientos;
el pueblo es para él como un perro de paja.
El universo es como un fuelle,
vacío, pero nunca agotado.
Cuanto más se mueve,
más produce.
Quien más habla
menos le comprende.
Es mejor incluirse en él.
VI
El espíritu del valle no muere.
Es la hembra misteriosa.
La puerta de lo misterioso femenino
es la raíz del universo.
Ininterrumpidamente, prosigue
su obra sin fatiga.
VII
El cielo es eterno y la tierra permanece.
El cielo y la tierra deben su eterna duración
a que no hacen de sí mismos
la razón de su existencia.
Por ello son eternos.
El sabio se mantiene rezagado
y así es antepuesto.
Excluye su persona
y su persona se conserva.
Porque es desinteresado
Obtiene su propio bien.
VIII
La suprema bondad es como el agua.
El agua toda lo favorece y a nada combate.
Se mantiene en los lugares
que más desprecia el hombre
y,.así, está muy cerca del Tao.
Por esto, la suprema bondad es tal que,
su lugar es adecuado.
Su corazón es profundo.
Su espíritu es generoso.
Su palabra es veraz.
Su gobierno es justo.
Su trabajo es perfecto.
Su acción es oportuna.
Y no combatiendo con nadie,
Nada se le reprocha.
IX
Más vale renunciar antes que sostener
En la mano un vaso lleno
Sin derramarlo.
La espada que usamos y afilamos
Continuamente
No conservará mucho tiempo su hoja.
Una sala llena de oro y jade
Nadie la puede guardar.
Quien se enorgullece de sus riquezas
Atrae su propia desgracia.
Retirarse de la obra acabada,
Del renombre conseguido,
Esa es la ley del cielo.
X
Unir cuerpo y alma en un conjunto
del que no puedan disociarse.
Dominar la respiración hasta hacerla
tan flexible como la de un recién nacido.
Purificar las visiones hasta
Dejarlas limpias.
Querer al pueblo y gobernar el Estado
Practicando el no-hacer.
Abrir y cerrar las puertas del cielo
siendo como la mujer.
Conocer y comprenderlo todo
Usar la inteligencia.
Engendrar y criar,
Engendrar sin apropiarse,
Obrar sin pedir nada,
Guiar sin dominar,
Esta es la gran virtud.
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12/03/2008

HISTORIAS ZEN

Historias zen para ti


Desterrando a un fantasma

La esposa de un hombre estaba muy enferma. En su lecho de muerte le
dice, "¡Te amo demasiado!, no quiero dejarte, y no quiero que me
traiciones. Promete que no verás otras mujeres cuando yo muera o
volveré para rondarte.

Durante varios meses después de su muerte el marido evitó a otras
mujeres, pero conoció a alguien y se enamoró. En la noche que se
comprometieron, el fantasma de su difunta esposa se le apareció. Ella
lo acusó de no cumplir con la promesa, y volvió todas las noches para
atormentarlo. El fantasma le recordaba todo lo que habían pasado él y
su prometida ese día, hasta el punto de repetir, palabra por palabra,
las conversaciones que habían tenido. Esto lo trastornó tanto que no
pudo dormir nada.

Deseperado buscó el consejo de un maestro Zen que vivía cerca del
pueblo. "Este fantasma es muy listo", dijo el maestro luego de oir la
historia del hombre, "¡Lo es!", contestó el hombre. "Recuerda cada
detalle de lo que dije e hice. ¡Sabe todo!" El maestro
sonrió. "Deberías admirar a un fantasma así, pero yo te diré que
hacer la próxima vez que aparezca."

Esa noche el fantasma regresó. El hombre hizo exactamente lo que le
había dicho el maestro. "Eres un fantasma muy sabio", dijo, "Sabes
que no te puedo esconder nada. Si puedes responderme una pregunta,
romperé el compromiso y permaneceré soltero por el resto de mi
vida". "Haz la pregunta", contestó el fantasma. El hombre sacó un
puñado de frijoles de una gran mochila que estaba en el piso, "Dime
exactamente cuantos frijoles tengo en mi mano".

En ese momento el fantasma desapareció y no volvió nunca más.


El Maestro campana

Un nuevo estudiente se aproximó al maestro Zen y le preguntó como
podía prepararse para su aprendizaje. "Piensa que soy una campana",
explicó el maestro. "Dame un golpe suave y tendrás un pequeño sonido.
Golpeame duro y recibirás un repique fuerte y resonante".


Libros

Había un reconocido filósofo y docente que se dedicó al estudio del
Zen durante muchos años. El día que finalmente consiguió la
iluminación tomó todos sus libros, los llevó al patio y los quemó.


Buda cristiano

Uno de los monjes del maestro Gasan visitó la universidad en Tokio.
Cuando regresó, le preguntó al maestro si alguna vez había leido la
biblia cristiana. "No", respondio Gasan, "por favor léeme algo de
ella". El monje abrió la biblia en el Sermón del Monte de San Matías,
y empezó a leer. Después de leer las palabras de Cristo sobre los
lirios en el campo, se detuvo. El maestro Gasan permaneció en
silencio durante un largo tiempo. "Sí", dijo finalmente, "quien haya
pronunciado estas palabras es un ser iluminado. ¡Lo que acabas de
leerme es la escencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte
aquí!"


Persiguiendo dos conejos

Un estudiante de artes marciales se aproximó el maestro con una
pregunta. "Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales.
Además de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para
aprender otro estilo. ¿Que piensas de esta idea?"

"El cazador que persigue dos conejos", respondió el maestro, "no
atrapa ninguno".


Una situasión tensa

Un día mientras caminaba a través de la selva un hombre se topó con
un feroz tigre. Corrió pero pronto llegó al borde de un acantilado.
Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre
el fatal precipicio. Mientras el estaba ahí colgado, dos ratones
aparecieron por un agujero en al acantilado y empezaron a roer la
parra. De pronto, vió un racimo de frutillas en la parra. Las arrancó
y se las llevó a la boca. ¡Estaban increíblemente deliciosas!


Concentración

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso
campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como
arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo
de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con
el segundo tiro. "Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes
igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero
invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso
sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto
de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por
un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del
inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco
un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y
directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente
en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin
fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer
el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero
tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".


Destino

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su
ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría,
pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se
detuvieron en una capilla. Luego de rezar con sus hombres, el general
sacó una moneda y dijo, "Ahora tiraré esta moneda. Si es cara,
ganaremos. Se es seca, perderamos. El destino se revelará".

Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba.
Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron
vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la
batalla, un teniente le dijo el general, "Nadie puede cambiar el
destino".

"Es verdad", contestó el general mientras mostraba la moneda al
teniente, que tenía cara en ambos lados.


Soñando

El gran maestro Taoista Chuang Tzu soño una vez que era una mariposa
revoloteando aquí y allá. En el sueño no tenía conciencia de su
individualidad como persona. Era sólo una mariposa. De pronto, se
despertó y se encontró ahí acostado, una persona otra vez. Pero
entonces pensó para sí mismo, "¿Era antes un hombre que soñaba ser
una mariposa, o soy ahora una mariposa que sueña ser un hombre?"


Egoísmo

El Primer Ministro de la Dinastía Tang fue un héroe nacional por su
éxito como estadista y como líder militar. Pero a pesar de su fama,
poder, y salud, se consideraba un humilde y devoto Budista. A veces
visitaba a su maestro Zen favorito para estudiar con él, y parecía
que se llevaban bien. El hecho de ser primer ministro parecía no
afectar su relación, que parecía ser la de un venerado profesor y un
respetuoso alumno. Un día, durante su visita usual, el Primer
Ministro le preguntó al maestro, "¿Su Reverencia, qué es el egoísmo
de acuerdo al Budismo?" La cara del maestro se volvió roja, y con una
voz condecendiente e insultante, le respondió, "¿qué clase de
pregunta estúpida es esa?" Esta respuesta inesperada impactó tanto al
Primer Ministro que se quedó callado y furioso. El maestro Zen sonrió
y dijo, "ESTO, Su Exelencia, es egoísmo".

Obra maestra

Un maestro calígrafo estaba escribiendo algunos caracteres en un
trozo de papel. Uno de sus estudiantes especialmente perceptivo
estaba mirándolo. Cuando al calígrafo terminó, le pidió la opinión al
estudiante - que inmediatamente le dijo que no estaba nada bien. El
maestro intentó otra vez, pero el estudiante criticó su trabajo de
nuevo. Una y otra vez el calígrafo redibujó cuidadosamente los mismos
caracteres, y cada vez el estudiante lo rechazaba. Finalmente, cuando
el estudiente se distrajo en otra cosa y no estaba mirando, el
maestro aprovechó la oportunidad para borronear los caracteres. "¡Ahí
está! ¿Cómo está ahora?", lo preguntó al alumno. El alumno se dio
vuelta para mirar. "¡ESO... es una obra maestra!" exclamó.

La Luna no se puede robar

Un Maestro Zen vivía la forma más simple de vida en un pequeña cabaña
al pie de una montaña. Una noche, mientras estaba fuera, un ladrón
entró a hurtadillas a la cabaña sólo para encontrar que no había nada
para robar. El Maestro Zen volvió y lo encontró. "Has hecho un largo
camino para visitarme", le dijo al extraño, "y no deberías regresar
con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas de regalo." El ladrón
estaba asombrado, pero tomó las ropas y escapó. El Maestro se sentó
desnudo, observando la luna. "Pobre hombre", murmuró. "Hubiera
querido darle esta hermosa luna."

Más no es suficiente

Había una vez un cortador de piedra que no estaba satisfecho consigo
mismo y con su posición en la vida.
Un día pasó por la casa de un rico mercader. A través del portón
abierto, vio muchas riquezas y visitas importantes. "¡Qué poderoso
debe ser ese mercader!" pensó el cortador de piedras. Se puso muy
envidioso y deseó poder ser como el mercader.
Para su sorpresa, repentinamente se transformó en mercader,
disfrutando más lujos y poder que los que jamás pudo imaginar, pero
era envidiado y detestado por aquellos con menor riqueza que él.
Pronto un alto oficial pasó por allí, llevado en andas en un trono,
acompañado por lacayos y escoltado por soldados sonando gongs. Todos,
sin importar su riqueza, tenían que inclinarse ante la
procesión. "¡Qué poderoso es ese oficial!" pensó. "¡Quisiera ser un
alto oficial!"
Entonces se transformó en un alto oficial llevado a todos lados en
andas en su adornado trono, temido y odiado por toda la gente de los
alrededores. Era un caluroso día de verano, por lo tanto el oficial
se sentía muy incómodo en el trono. Miró al sol en lo alto. El sol
brillaba orgulloso en el cielo, inmutable ante su presencia. "¡Qué
poderoso es el sol!" pensó. "¡Desearía ser el sol!"
Entonces se transformó en el sol, brillando con fuerza sobre todo el
mundo, abrasando los campos, insultado por granjeros y trabajadores.
Pero una enorme nube negra se movió entre el y la tierra, como para
que su luz no pudiera brillar sobre todos ahí abajo. "¡Qué poderosa
es esa nube de tormenta!" pensó. "¡Desearía ser una nube!"
Entonces se convirtió en una nube, inundando los campos y poblados,
escuchando los gritos que todos le proferían. Pero pronto encontró
que era alejada por alguna fuerza poderosa, y se dio cuenta que era
el viento. "¡Qué poderoso que es!" pensó. "¡Desearía ser el viento!"
Entonces se convirtió en el viento, volando tejas de los techos de
las casas, sacando árboles de raíz, temido y odiado por todos. Pero
despues de un rato arrasó contra algo que no se movía, sin importar
la fuerza que hiciera al soplar. Una enorme roca. "¡Qué poderosa es
esa roca!" pensó. ¡Quisiera ser una roca!"
Entonces se convirtió en una piedra, más poderosa que cualquier otra
cosa en el mundo. Pero cuando estaba allí, escuchó el sonido de un
martillo golpeando un cincel sobre la dura superficie, y sintió que
lo estaban cambiando. "¿Qué puede ser mas poderoso que la roca?"
pensó.
Miró y vio delante de sí la figura del cortador de piedra.

La enseñanza más importante

Un renombrado Maestro Zen dijo que su mayor enseñanza era esta:
Buddha es tu propia mente. Impresionado por la profundidad de esta
idea, un monje decidió dejar el monasterio y retirarse al campo a
meditar sobre este pensamiento. Allí pasó 20 años como un hermitaño
poniendo a prueba la gran enseñanza.
Un día se encontró con otro monje que estaba viajando por el bosque.
Rápidamente el monje hermitaño se dio cuenta que el viajero también
había estudiado con el mismo Maestro Zen. "Por favor, dime lo que
sabes sobre la gran enseñanza del Maestro". Los ojos del viajero se
encendieron, "Ah, el Maestro ha sido muy claro sobre esto. El dijo
que su mayor enseñanza es esta: Buddha NO es tu propia mente."

Mente en movimiento

Dos hombres estaban argumentando sobre una bandera flameando en el
viento. "Es el viento lo que realmente se mueve", afirmó el
primero. "No, es la bandera lo que se mueve", aseguró el segundo. Un
maestro Zen, que caminaba por allí, escuchó el debate y los
interrumpió. "Ni la bandera ni el viento se mueven", dijo, "es la
MENTE que se mueve".

Belleza de la naturaleza

Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo
Zen. Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y
árboles. Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía un
viejo maestro Zen. Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos
invitados importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín.
Sacó las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó un
largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidados todas
las hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con
interés desde el otro lado del muro que separaba los templos.
Cuando teminó, el sacerdote se alejó para admirar su trabajo. "¿No es
hermoso?", le dijo al viejo maestro. "Sí," replicó el viejo, "pero le
falta algo. Ayúdame a pasar sobre este muro y lo arreglaré por tí".
Luego de dudarlo, el sacerdote levanto al viejo y lo ayudó a bajar.
Lentamente, el maestro caminó hacia el árbol cerca del centro del
jardín, lo tomó por el tronco, y lo sacudió. La hojas llovieron sobre
todo el jardín. "Ahí está", dijo el viejo, "puedes regresarme ahora".

La naturaleza de las cosas

Dos mojes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron a un
escorpión que se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso
sobre la orilla. Durante el proceso fue picado. Volvió a lavar su
tazón y el escorpión volvió a caer. El monje salvó al escorpión y fue
picado nuevamente. El otro monje le preguntó, "Amigo, ¿Por qué
continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es
picar?"
"Porque", respondió el monje, "salvarlo es mi naturaleza."

No más preguntas

Al encontrarse a un maestro Zen en un evento social, un psiquiatra
decide hacerle una pregunta que tenía en mente. "¿Exactamente cómo
ayudas a la gente?" inquirió.
"Las llevó donde no puedan hacer más preguntas", contestó el maestro.

No lo sé

El emperador, que era un Budista devoto, invitó al gran maestro Zen
al Palacio para hacerle preguntas sobre el Budismo. "¿Cuál es la
suprema verdad de la santa doctrina budista?" preguntó el emperador.
"Mucha nada... y ni un rastro de santidad", contestó el maestro.
"Si no hay santidad", dijo el emprador, "entonces ¿quién o qué eres
tú?"
"No lo sé", respondió el maestro.

Aún vivo

El Emperador le preguntó al maestro Gudo,"¿Qué le sucede a un hombre
iluminado luego de la muerte?"
"¿Cómo he de saberlo?" respondió Gudo.
"Porque eres un maestro", respondió el Emperador.
"Sí señor", dijo Gudo, "pero no uno muerto."

Obsesionado

Dos monjes viajeros llegaron a un río donde encontraron a una joven
mujer. Preocupada por la corriente, preguntó si la podían llevar al
otro lado. Uno de los monjes dudó, pero el otro la levantó
rápidamente sobre sus hombros, la llevó al otro lado del río, y la
dejó en la orilla. Ella le agradeció y se alejó.
Cuando los monjes continuaron su camino, el primero estaba
meditabundo y cabizbajo. Incapaz de mantenerse en silencio,
habló. "¡Hermano, nuestro guía espiritual nos enseña a evitar
cualquier contacto con mujeres, pero tu levantaste a aquella y la
llevaste!"
"Hermano," replicó el segundo monje, "Yo la dejé del otro lado del
río, mientras que tu todavía la estás cargando."


Paraíso

Dos personas están perdidas en el desierto. Estan muriendo de hambre
y sed. Finalmente, llegan a una alta pared. Pueden oir del otro lado
el sonido del agua y de los pájaros cantando. Más allá pueden ver las
ramas de un suntuoso árbol que se extiende por sobre el muro. Su
fruto parece delicioso.
Uno de ellos se las arregla para escalar el muro y desaparece del
otro lado. El otro, en cambio, regresa al desierto a ayudar a otros
viajeros perdidos a encontrar el camino al oasis.

La práctica hace a la perfercción

Un cantante de baladas dramáticas estudiaba con un estricto maestro
que insistía en que ensayara día tras día, mes tras mes el mismo
pasaje de la misma canción, sin permitirsele ir más adelante.
Finalmente, lleno de frustración y desesperanza, el joven huyó para
buscar otra profesión. Una noche, en una taberna, se encontró con un
concurso de recitación. Sin nada que perder, entró a la competencia
y, por supuesto, cantó ese pasaje que conocía tan bien. Cuando
terminó, el organizador del concurso elogió su actuación. A pesar de
las objeciones del avergonzado estudiante, el organizador se negó a
creer que lo que acababa de oir era la actuación de un
principiante. "Dime", dijo el organizador, "¿quién es tu instructor?
Debe ser un gran maestro". El estudiante se hizo conocido más tarde
como el gran intérprete Koshiji.

Araña

Una historia Tibetana cuenta sobre un estudiante de meditación que,
mientras meditaba en su cuarto, creía ver una araña descender frente
a él. La amenazante criatura regresaba cada día, cada vez más grande.
El estudiante estaba tan asustado que fue a su maestro a contarle su
dilema. Le dijo que planeaba coloca un cuchillo sobre su falda
durante la meditación, así si la araña apareciera, la mataría. El
maestro le aconsejó que no lo hiciera. En cambio, le sugirió llevar
un trozo de tiza a la meditación, y cuando la araña apareciera, le
marcara una "X" en su panza. Y luego le contara.
El estudiante volvió a su meditación. Cuando la araña apareció
nuevamente, él resistió la necesidad de atacarla, en cambio hizo
exactamente lo que el maestro le había sugerido. Cuando más tarde le
contó a su maestro, este le dijo que se levantara la camisa y mirara
su propio vientre. Había una "X".

Plena conciencia

Luego de diez años de aprendizaje, Tenno obtuvo el rango de maestro
Zen. Un día lluvioso, fue a visitar al famoso maestro Nan-in. Cuando
entró, el maestro lo saludó con una pregunta, "¿Dejaste tus zuecos de
madera y tu paraguas en la entrada?"
"Sí," contestó Tenno.
"Dime," continuó el maestro, "¿colocaste tu paraguas a la izquierda
de tus zapatos, o a la derecha?
Tenno no supo la respuesta, y se dio cuenta que no había logrado el
estado de plena conciencia. Así que se convirtió en el aprendiz de
Nan-in y estudió con él por diez años más.

El regalo de insultos

Vivió una vez un gran guerrero. Aunque muy viejo, aún era capaz de
vencer a cualquier contrincante. Su reputación se extendió
ampliamente y muchos estudiantes se juntaron para aprender con él.
Un día, un infame joven guerrero llegó al pueblo. Estaba decidido a
ser el primer hombre que venciera al gran maestro. Ademas de su
fuerza, tenía una habilidad asombrosa para encontrar y explotar
cualquier debilidad en un oponente. Esperaría que su oponente hiciera
el primer movimiento, y así revelara una debilidad, y entonces
atacaría con despiadada fuerza y velocidad de rayo. Nadie había
durado con él en un encuentro más alla de su primer movimiento.
En contra de los consejos de sus preocupados estudiantes, el viejo
maestro aceptó gustoso el reto del joven guerrero. Cuando ambos
estaban listos para la batalla, el joven guerrero empezó a dirigirle
insultos al viejo maestro. Tiró tierra y escupió en su cara. Por
horas lo agredió verbalmente con todas las maldiciones e insultos
conocidas por la humanidad. Pero el viejo guerrero simplemente su
mantuvo en pie inmóvil y calmo. Finalmente el joven guerrero se
agotó. Reconociendo que estaba vencido se alejó sintiéndose
avergonzado.
De alguna manera desilusionados de que el maestro no hubiera peleado
con el insolente joven, sus alumnos lo rodearon y le
preguntaron. "¿Cómo pudo soportar semejante vileza? ¿Cómo hizo para
ahuyentarlo?
"Si alguien viene a ti con un regalo y no lo recibes, "replicó el
maestro, "¿a quién pertenece ese regalo?"

Yendo con la corriente

Una historia Taoista cuenta sobre un hombre viejo que accidentalmente
cayó en los rápidos del río dirigiendose a una alta y peligrosa
cascada. Los curiosos temían por su vida. Milagrosamente, salió vivo
e ileso río abajo en el fondo de la cascada. La gente le preguntó
cómo se las arregló para sobrevivir: "Me acomodé al agua, no el agua
a mí. Sin pensar, me permití ser moldeado por ella. Muy profundo en
el remolino, salí con el remolino. De esta manera es como sobreviví."

El dedo de Gutei

Cuando alguien le preguntaba sobre el Zen, el gran maestro Gutei
silenciosamente levantaría su dedo en el aire. Un chico en el pueblo
empezó a imitar este comportamiento. Cuando oía a la gente hablar
sobre las enseñanzas de Gutei, interrumpía la discusión y levantaba
su dedo. Gutei oyó hablar de las travesuras del niño. Cuando lo vio
en la calle, lo agarró y le cortó el dedo. El niño lloró y empezó a
correr, pero Gutei lo llamó. Cuando el niño se dio vuelta para ver,
Gutei elevó su dedo en el aire. En ese momento el niño se iluminó.

Hombre Santo

Se extendieron por la campiña palabras sobre un sabio Hombre Santo
que vivía en una pequeña casa en la cima de la montaña. Un hombre del
pueblo decidió realizar el largo y difícil viaje para visitarlo.
Cuando llegó a la casa, vio a un viejo sirviente dentro que lo saludó
en la puerta. "Me gustaría ver al sabio Hombre Santo," le dijo al
sirviente. El sirviente sonrió y lo dejó entrar. Mientras caminaban
por la casa el hombre del pueblo miraba ansiosamente alrededor de la
casa, anticipando su encuentro con el Hombre Santo. Antes de darse
cuenta, había sido llevado a la puerta trasera y escoltado hacia
fuera. Se detuvo y le dijo al sirviente, "¡Pero yo quiero ver al
Hombre Santo!"
"Ya lo has hecho," dijo el viejo. "Todas las personas que puedas
conocer en la vida, aunque parezcan simples e insignificantes... ve a
cada uno de ellos como un sabio Hombre Santo. Si haces esto,
cualquier problema que hayas traido aquí hoy será solucionado.

Iluminado

Un día el Maestro anunció que un joven monje había alcanzado un
estado de iluminación avanzado. La noticia causó revuelo. Algunos de
los monjes fueron a ver al joven monje. "Escuchamos que te has
iluminado. ¿Es verdad?" preguntaron.
"Lo es," contestó.
"¿Y como te sientes?"
"Tan mal como siempre," dijo el monje.

¿Es así?

Una hermosa joven del pueblo estaba embarazada. Sus padres, furiosos,
exigieron saber quien era el padre. Al principio no quiso confesar,
la inquieta y avergonzada muchacha finalmente acusó a Hakuin, el
maestro Zen que todos había reverenciado por llevar una vida pura.
Cuando los indignados padres enfrentaron a Hauin con la acusación de
su hija, el contestó simplemente "¿es así?"
Cuando el hijo nació, los padres se lo trajeron a Hakuin, que ahora
era visto como un paria por todo el pueblo. Le pidieron que se haga
cargo del niño ya que era su responsabilidad. "¿Es así?" dijo Hakuin
con calma mientras aceptaba al niño.
Por muchos meses cuidó muy bien al niño hasta que la hija no pudo
sostener más la mentira que había dicho. Confesó que el verdadero
padre era un hombre joven del pueblo que ella había tratado proteger.
Los padre fueron inmediatamente con Hakuin para ver si devolvería al
bebé. Con grandes disculpas explicaron lo que había pasado. "¿Es
así?" dijo Hakuin y les entregó al niño.

Pasará

Un estudiante fue con su maestro de meditación y dijo, "¡Mi
meditación es horrible! Me siento tan distraido, o me duelen las
piernas, o me estoy quedando dormido constantemente. ¡Es horrible!"
"Pasará", dijo el maestro con toda naturalidad.
Una semana después, el alumno volvió con su maestro. "¡Mi meditación
es maravillosa!¡ Me siento tan conciente, tan tranquilo, tan vivo!
¡Es maravilloso!
"Pasara", dijo el maestro con toda naturalidad.

Conocer a los peces

Un día Chuang Tzu y un amigo caminaban por un río. "Mira a lo peces
nadando allí," dijo Chuang Tzu, "realmente están disfrutando."
"Tu no eres un pez," contestó el amigo, "Así que no puedes saber
realmente que están disfrutando."
"Tu no eres yo," dijo Chuang Tzu. "¿Así que cómo sabes que yo no sé
que los peces están disfrutando?"

Aprendiendo de la manera difícil

El hijo del maestro ladrón le pidió a su padre que le enseñara los
secretos de la profesión. El viejo ladrón aceptó y esa noche lo llevó
a robar una gran casa. Mientras la familia estaba dormida,
silenciosamente llevó al joven aprendiz a un cuarto que contenía un
ropero. El padre le dijo a su hijo que entre al ropero y tome algunas
prendas. Cuando lo hizo, su padre rápidamente cerró la puerta y lo
encerró. Luego salio de la casa, golpeó con fuerza la puerta del
frente, despertando a la familia, y rápidamente se escapó para que
nadie lo viera. Horas más tarde, su hijo regresó a casa, despeinado y
muy cansado. "Padre", gritó enojado, "¿Por qué me encerraste en el
ropero? Si no hubiera estado desesperado por mi miedo a ser atrapado,
nunca huviera escapado. ¡Me costó toda mi ingenuidad salir!" El viejo
ladrón sonrió. "Hijo, has recibido tu primera lección en el arte del
robo

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HISTORIAS ZEN

Historias zen para ti


Desterrando a un fantasma

La esposa de un hombre estaba muy enferma. En su lecho de muerte le
dice, "¡Te amo demasiado!, no quiero dejarte, y no quiero que me
traiciones. Promete que no verás otras mujeres cuando yo muera o
volveré para rondarte.

Durante varios meses después de su muerte el marido evitó a otras
mujeres, pero conoció a alguien y se enamoró. En la noche que se
comprometieron, el fantasma de su difunta esposa se le apareció. Ella
lo acusó de no cumplir con la promesa, y volvió todas las noches para
atormentarlo. El fantasma le recordaba todo lo que habían pasado él y
su prometida ese día, hasta el punto de repetir, palabra por palabra,
las conversaciones que habían tenido. Esto lo trastornó tanto que no
pudo dormir nada.

Deseperado buscó el consejo de un maestro Zen que vivía cerca del
pueblo. "Este fantasma es muy listo", dijo el maestro luego de oir la
historia del hombre, "¡Lo es!", contestó el hombre. "Recuerda cada
detalle de lo que dije e hice. ¡Sabe todo!" El maestro
sonrió. "Deberías admirar a un fantasma así, pero yo te diré que
hacer la próxima vez que aparezca."

Esa noche el fantasma regresó. El hombre hizo exactamente lo que le
había dicho el maestro. "Eres un fantasma muy sabio", dijo, "Sabes
que no te puedo esconder nada. Si puedes responderme una pregunta,
romperé el compromiso y permaneceré soltero por el resto de mi
vida". "Haz la pregunta", contestó el fantasma. El hombre sacó un
puñado de frijoles de una gran mochila que estaba en el piso, "Dime
exactamente cuantos frijoles tengo en mi mano".

En ese momento el fantasma desapareció y no volvió nunca más.


El Maestro campana

Un nuevo estudiente se aproximó al maestro Zen y le preguntó como
podía prepararse para su aprendizaje. "Piensa que soy una campana",
explicó el maestro. "Dame un golpe suave y tendrás un pequeño sonido.
Golpeame duro y recibirás un repique fuerte y resonante".


Libros

Había un reconocido filósofo y docente que se dedicó al estudio del
Zen durante muchos años. El día que finalmente consiguió la
iluminación tomó todos sus libros, los llevó al patio y los quemó.


Buda cristiano

Uno de los monjes del maestro Gasan visitó la universidad en Tokio.
Cuando regresó, le preguntó al maestro si alguna vez había leido la
biblia cristiana. "No", respondio Gasan, "por favor léeme algo de
ella". El monje abrió la biblia en el Sermón del Monte de San Matías,
y empezó a leer. Después de leer las palabras de Cristo sobre los
lirios en el campo, se detuvo. El maestro Gasan permaneció en
silencio durante un largo tiempo. "Sí", dijo finalmente, "quien haya
pronunciado estas palabras es un ser iluminado. ¡Lo que acabas de
leerme es la escencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte
aquí!"


Persiguiendo dos conejos

Un estudiante de artes marciales se aproximó el maestro con una
pregunta. "Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales.
Además de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para
aprender otro estilo. ¿Que piensas de esta idea?"

"El cazador que persigue dos conejos", respondió el maestro, "no
atrapa ninguno".


Una situasión tensa

Un día mientras caminaba a través de la selva un hombre se topó con
un feroz tigre. Corrió pero pronto llegó al borde de un acantilado.
Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre
el fatal precipicio. Mientras el estaba ahí colgado, dos ratones
aparecieron por un agujero en al acantilado y empezaron a roer la
parra. De pronto, vió un racimo de frutillas en la parra. Las arrancó
y se las llevó a la boca. ¡Estaban increíblemente deliciosas!


Concentración

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso
campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como
arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo
de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con
el segundo tiro. "Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes
igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero
invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso
sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto
de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por
un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del
inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco
un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y
directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente
en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin
fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer
el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero
tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".


Destino

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su
ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría,
pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se
detuvieron en una capilla. Luego de rezar con sus hombres, el general
sacó una moneda y dijo, "Ahora tiraré esta moneda. Si es cara,
ganaremos. Se es seca, perderamos. El destino se revelará".

Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba.
Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron
vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la
batalla, un teniente le dijo el general, "Nadie puede cambiar el
destino".

"Es verdad", contestó el general mientras mostraba la moneda al
teniente, que tenía cara en ambos lados.


Soñando

El gran maestro Taoista Chuang Tzu soño una vez que era una mariposa
revoloteando aquí y allá. En el sueño no tenía conciencia de su
individualidad como persona. Era sólo una mariposa. De pronto, se
despertó y se encontró ahí acostado, una persona otra vez. Pero
entonces pensó para sí mismo, "¿Era antes un hombre que soñaba ser
una mariposa, o soy ahora una mariposa que sueña ser un hombre?"


Egoísmo

El Primer Ministro de la Dinastía Tang fue un héroe nacional por su
éxito como estadista y como líder militar. Pero a pesar de su fama,
poder, y salud, se consideraba un humilde y devoto Budista. A veces
visitaba a su maestro Zen favorito para estudiar con él, y parecía
que se llevaban bien. El hecho de ser primer ministro parecía no
afectar su relación, que parecía ser la de un venerado profesor y un
respetuoso alumno. Un día, durante su visita usual, el Primer
Ministro le preguntó al maestro, "¿Su Reverencia, qué es el egoísmo
de acuerdo al Budismo?" La cara del maestro se volvió roja, y con una
voz condecendiente e insultante, le respondió, "¿qué clase de
pregunta estúpida es esa?" Esta respuesta inesperada impactó tanto al
Primer Ministro que se quedó callado y furioso. El maestro Zen sonrió
y dijo, "ESTO, Su Exelencia, es egoísmo".

Obra maestra

Un maestro calígrafo estaba escribiendo algunos caracteres en un
trozo de papel. Uno de sus estudiantes especialmente perceptivo
estaba mirándolo. Cuando al calígrafo terminó, le pidió la opinión al
estudiante - que inmediatamente le dijo que no estaba nada bien. El
maestro intentó otra vez, pero el estudiante criticó su trabajo de
nuevo. Una y otra vez el calígrafo redibujó cuidadosamente los mismos
caracteres, y cada vez el estudiante lo rechazaba. Finalmente, cuando
el estudiente se distrajo en otra cosa y no estaba mirando, el
maestro aprovechó la oportunidad para borronear los caracteres. "¡Ahí
está! ¿Cómo está ahora?", lo preguntó al alumno. El alumno se dio
vuelta para mirar. "¡ESO... es una obra maestra!" exclamó.

La Luna no se puede robar

Un Maestro Zen vivía la forma más simple de vida en un pequeña cabaña
al pie de una montaña. Una noche, mientras estaba fuera, un ladrón
entró a hurtadillas a la cabaña sólo para encontrar que no había nada
para robar. El Maestro Zen volvió y lo encontró. "Has hecho un largo
camino para visitarme", le dijo al extraño, "y no deberías regresar
con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas de regalo." El ladrón
estaba asombrado, pero tomó las ropas y escapó. El Maestro se sentó
desnudo, observando la luna. "Pobre hombre", murmuró. "Hubiera
querido darle esta hermosa luna."

Más no es suficiente

Había una vez un cortador de piedra que no estaba satisfecho consigo
mismo y con su posición en la vida.
Un día pasó por la casa de un rico mercader. A través del portón
abierto, vio muchas riquezas y visitas importantes. "¡Qué poderoso
debe ser ese mercader!" pensó el cortador de piedras. Se puso muy
envidioso y deseó poder ser como el mercader.
Para su sorpresa, repentinamente se transformó en mercader,
disfrutando más lujos y poder que los que jamás pudo imaginar, pero
era envidiado y detestado por aquellos con menor riqueza que él.
Pronto un alto oficial pasó por allí, llevado en andas en un trono,
acompañado por lacayos y escoltado por soldados sonando gongs. Todos,
sin importar su riqueza, tenían que inclinarse ante la
procesión. "¡Qué poderoso es ese oficial!" pensó. "¡Quisiera ser un
alto oficial!"
Entonces se transformó en un alto oficial llevado a todos lados en
andas en su adornado trono, temido y odiado por toda la gente de los
alrededores. Era un caluroso día de verano, por lo tanto el oficial
se sentía muy incómodo en el trono. Miró al sol en lo alto. El sol
brillaba orgulloso en el cielo, inmutable ante su presencia. "¡Qué
poderoso es el sol!" pensó. "¡Desearía ser el sol!"
Entonces se transformó en el sol, brillando con fuerza sobre todo el
mundo, abrasando los campos, insultado por granjeros y trabajadores.
Pero una enorme nube negra se movió entre el y la tierra, como para
que su luz no pudiera brillar sobre todos ahí abajo. "¡Qué poderosa
es esa nube de tormenta!" pensó. "¡Desearía ser una nube!"
Entonces se convirtió en una nube, inundando los campos y poblados,
escuchando los gritos que todos le proferían. Pero pronto encontró
que era alejada por alguna fuerza poderosa, y se dio cuenta que era
el viento. "¡Qué poderoso que es!" pensó. "¡Desearía ser el viento!"
Entonces se convirtió en el viento, volando tejas de los techos de
las casas, sacando árboles de raíz, temido y odiado por todos. Pero
despues de un rato arrasó contra algo que no se movía, sin importar
la fuerza que hiciera al soplar. Una enorme roca. "¡Qué poderosa es
esa roca!" pensó. ¡Quisiera ser una roca!"
Entonces se convirtió en una piedra, más poderosa que cualquier otra
cosa en el mundo. Pero cuando estaba allí, escuchó el sonido de un
martillo golpeando un cincel sobre la dura superficie, y sintió que
lo estaban cambiando. "¿Qué puede ser mas poderoso que la roca?"
pensó.
Miró y vio delante de sí la figura del cortador de piedra.

La enseñanza más importante

Un renombrado Maestro Zen dijo que su mayor enseñanza era esta:
Buddha es tu propia mente. Impresionado por la profundidad de esta
idea, un monje decidió dejar el monasterio y retirarse al campo a
meditar sobre este pensamiento. Allí pasó 20 años como un hermitaño
poniendo a prueba la gran enseñanza.
Un día se encontró con otro monje que estaba viajando por el bosque.
Rápidamente el monje hermitaño se dio cuenta que el viajero también
había estudiado con el mismo Maestro Zen. "Por favor, dime lo que
sabes sobre la gran enseñanza del Maestro". Los ojos del viajero se
encendieron, "Ah, el Maestro ha sido muy claro sobre esto. El dijo
que su mayor enseñanza es esta: Buddha NO es tu propia mente."

Mente en movimiento

Dos hombres estaban argumentando sobre una bandera flameando en el
viento. "Es el viento lo que realmente se mueve", afirmó el
primero. "No, es la bandera lo que se mueve", aseguró el segundo. Un
maestro Zen, que caminaba por allí, escuchó el debate y los
interrumpió. "Ni la bandera ni el viento se mueven", dijo, "es la
MENTE que se mueve".

Belleza de la naturaleza

Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo
Zen. Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y
árboles. Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía un
viejo maestro Zen. Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos
invitados importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín.
Sacó las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó un
largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidados todas
las hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con
interés desde el otro lado del muro que separaba los templos.
Cuando teminó, el sacerdote se alejó para admirar su trabajo. "¿No es
hermoso?", le dijo al viejo maestro. "Sí," replicó el viejo, "pero le
falta algo. Ayúdame a pasar sobre este muro y lo arreglaré por tí".
Luego de dudarlo, el sacerdote levanto al viejo y lo ayudó a bajar.
Lentamente, el maestro caminó hacia el árbol cerca del centro del
jardín, lo tomó por el tronco, y lo sacudió. La hojas llovieron sobre
todo el jardín. "Ahí está", dijo el viejo, "puedes regresarme ahora".

La naturaleza de las cosas

Dos mojes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron a un
escorpión que se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso
sobre la orilla. Durante el proceso fue picado. Volvió a lavar su
tazón y el escorpión volvió a caer. El monje salvó al escorpión y fue
picado nuevamente. El otro monje le preguntó, "Amigo, ¿Por qué
continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es
picar?"
"Porque", respondió el monje, "salvarlo es mi naturaleza."

No más preguntas

Al encontrarse a un maestro Zen en un evento social, un psiquiatra
decide hacerle una pregunta que tenía en mente. "¿Exactamente cómo
ayudas a la gente?" inquirió.
"Las llevó donde no puedan hacer más preguntas", contestó el maestro.

No lo sé

El emperador, que era un Budista devoto, invitó al gran maestro Zen
al Palacio para hacerle preguntas sobre el Budismo. "¿Cuál es la
suprema verdad de la santa doctrina budista?" preguntó el emperador.
"Mucha nada... y ni un rastro de santidad", contestó el maestro.
"Si no hay santidad", dijo el emprador, "entonces ¿quién o qué eres
tú?"
"No lo sé", respondió el maestro.

Aún vivo

El Emperador le preguntó al maestro Gudo,"¿Qué le sucede a un hombre
iluminado luego de la muerte?"
"¿Cómo he de saberlo?" respondió Gudo.
"Porque eres un maestro", respondió el Emperador.
"Sí señor", dijo Gudo, "pero no uno muerto."

Obsesionado

Dos monjes viajeros llegaron a un río donde encontraron a una joven
mujer. Preocupada por la corriente, preguntó si la podían llevar al
otro lado. Uno de los monjes dudó, pero el otro la levantó
rápidamente sobre sus hombros, la llevó al otro lado del río, y la
dejó en la orilla. Ella le agradeció y se alejó.
Cuando los monjes continuaron su camino, el primero estaba
meditabundo y cabizbajo. Incapaz de mantenerse en silencio,
habló. "¡Hermano, nuestro guía espiritual nos enseña a evitar
cualquier contacto con mujeres, pero tu levantaste a aquella y la
llevaste!"
"Hermano," replicó el segundo monje, "Yo la dejé del otro lado del
río, mientras que tu todavía la estás cargando."


Paraíso

Dos personas están perdidas en el desierto. Estan muriendo de hambre
y sed. Finalmente, llegan a una alta pared. Pueden oir del otro lado
el sonido del agua y de los pájaros cantando. Más allá pueden ver las
ramas de un suntuoso árbol que se extiende por sobre el muro. Su
fruto parece delicioso.
Uno de ellos se las arregla para escalar el muro y desaparece del
otro lado. El otro, en cambio, regresa al desierto a ayudar a otros
viajeros perdidos a encontrar el camino al oasis.

La práctica hace a la perfercción

Un cantante de baladas dramáticas estudiaba con un estricto maestro
que insistía en que ensayara día tras día, mes tras mes el mismo
pasaje de la misma canción, sin permitirsele ir más adelante.
Finalmente, lleno de frustración y desesperanza, el joven huyó para
buscar otra profesión. Una noche, en una taberna, se encontró con un
concurso de recitación. Sin nada que perder, entró a la competencia
y, por supuesto, cantó ese pasaje que conocía tan bien. Cuando
terminó, el organizador del concurso elogió su actuación. A pesar de
las objeciones del avergonzado estudiante, el organizador se negó a
creer que lo que acababa de oir era la actuación de un
principiante. "Dime", dijo el organizador, "¿quién es tu instructor?
Debe ser un gran maestro". El estudiante se hizo conocido más tarde
como el gran intérprete Koshiji.

Araña

Una historia Tibetana cuenta sobre un estudiante de meditación que,
mientras meditaba en su cuarto, creía ver una araña descender frente
a él. La amenazante criatura regresaba cada día, cada vez más grande.
El estudiante estaba tan asustado que fue a su maestro a contarle su
dilema. Le dijo que planeaba coloca un cuchillo sobre su falda
durante la meditación, así si la araña apareciera, la mataría. El
maestro le aconsejó que no lo hiciera. En cambio, le sugirió llevar
un trozo de tiza a la meditación, y cuando la araña apareciera, le
marcara una "X" en su panza. Y luego le contara.
El estudiante volvió a su meditación. Cuando la araña apareció
nuevamente, él resistió la necesidad de atacarla, en cambio hizo
exactamente lo que el maestro le había sugerido. Cuando más tarde le
contó a su maestro, este le dijo que se levantara la camisa y mirara
su propio vientre. Había una "X".

Plena conciencia

Luego de diez años de aprendizaje, Tenno obtuvo el rango de maestro
Zen. Un día lluvioso, fue a visitar al famoso maestro Nan-in. Cuando
entró, el maestro lo saludó con una pregunta, "¿Dejaste tus zuecos de
madera y tu paraguas en la entrada?"
"Sí," contestó Tenno.
"Dime," continuó el maestro, "¿colocaste tu paraguas a la izquierda
de tus zapatos, o a la derecha?
Tenno no supo la respuesta, y se dio cuenta que no había logrado el
estado de plena conciencia. Así que se convirtió en el aprendiz de
Nan-in y estudió con él por diez años más.

El regalo de insultos

Vivió una vez un gran guerrero. Aunque muy viejo, aún era capaz de
vencer a cualquier contrincante. Su reputación se extendió
ampliamente y muchos estudiantes se juntaron para aprender con él.
Un día, un infame joven guerrero llegó al pueblo. Estaba decidido a
ser el primer hombre que venciera al gran maestro. Ademas de su
fuerza, tenía una habilidad asombrosa para encontrar y explotar
cualquier debilidad en un oponente. Esperaría que su oponente hiciera
el primer movimiento, y así revelara una debilidad, y entonces
atacaría con despiadada fuerza y velocidad de rayo. Nadie había
durado con él en un encuentro más alla de su primer movimiento.
En contra de los consejos de sus preocupados estudiantes, el viejo
maestro aceptó gustoso el reto del joven guerrero. Cuando ambos
estaban listos para la batalla, el joven guerrero empezó a dirigirle
insultos al viejo maestro. Tiró tierra y escupió en su cara. Por
horas lo agredió verbalmente con todas las maldiciones e insultos
conocidas por la humanidad. Pero el viejo guerrero simplemente su
mantuvo en pie inmóvil y calmo. Finalmente el joven guerrero se
agotó. Reconociendo que estaba vencido se alejó sintiéndose
avergonzado.
De alguna manera desilusionados de que el maestro no hubiera peleado
con el insolente joven, sus alumnos lo rodearon y le
preguntaron. "¿Cómo pudo soportar semejante vileza? ¿Cómo hizo para
ahuyentarlo?
"Si alguien viene a ti con un regalo y no lo recibes, "replicó el
maestro, "¿a quién pertenece ese regalo?"

Yendo con la corriente

Una historia Taoista cuenta sobre un hombre viejo que accidentalmente
cayó en los rápidos del río dirigiendose a una alta y peligrosa
cascada. Los curiosos temían por su vida. Milagrosamente, salió vivo
e ileso río abajo en el fondo de la cascada. La gente le preguntó
cómo se las arregló para sobrevivir: "Me acomodé al agua, no el agua
a mí. Sin pensar, me permití ser moldeado por ella. Muy profundo en
el remolino, salí con el remolino. De esta manera es como sobreviví."

El dedo de Gutei

Cuando alguien le preguntaba sobre el Zen, el gran maestro Gutei
silenciosamente levantaría su dedo en el aire. Un chico en el pueblo
empezó a imitar este comportamiento. Cuando oía a la gente hablar
sobre las enseñanzas de Gutei, interrumpía la discusión y levantaba
su dedo. Gutei oyó hablar de las travesuras del niño. Cuando lo vio
en la calle, lo agarró y le cortó el dedo. El niño lloró y empezó a
correr, pero Gutei lo llamó. Cuando el niño se dio vuelta para ver,
Gutei elevó su dedo en el aire. En ese momento el niño se iluminó.

Hombre Santo

Se extendieron por la campiña palabras sobre un sabio Hombre Santo
que vivía en una pequeña casa en la cima de la montaña. Un hombre del
pueblo decidió realizar el largo y difícil viaje para visitarlo.
Cuando llegó a la casa, vio a un viejo sirviente dentro que lo saludó
en la puerta. "Me gustaría ver al sabio Hombre Santo," le dijo al
sirviente. El sirviente sonrió y lo dejó entrar. Mientras caminaban
por la casa el hombre del pueblo miraba ansiosamente alrededor de la
casa, anticipando su encuentro con el Hombre Santo. Antes de darse
cuenta, había sido llevado a la puerta trasera y escoltado hacia
fuera. Se detuvo y le dijo al sirviente, "¡Pero yo quiero ver al
Hombre Santo!"
"Ya lo has hecho," dijo el viejo. "Todas las personas que puedas
conocer en la vida, aunque parezcan simples e insignificantes... ve a
cada uno de ellos como un sabio Hombre Santo. Si haces esto,
cualquier problema que hayas traido aquí hoy será solucionado.

Iluminado

Un día el Maestro anunció que un joven monje había alcanzado un
estado de iluminación avanzado. La noticia causó revuelo. Algunos de
los monjes fueron a ver al joven monje. "Escuchamos que te has
iluminado. ¿Es verdad?" preguntaron.
"Lo es," contestó.
"¿Y como te sientes?"
"Tan mal como siempre," dijo el monje.

¿Es así?

Una hermosa joven del pueblo estaba embarazada. Sus padres, furiosos,
exigieron saber quien era el padre. Al principio no quiso confesar,
la inquieta y avergonzada muchacha finalmente acusó a Hakuin, el
maestro Zen que todos había reverenciado por llevar una vida pura.
Cuando los indignados padres enfrentaron a Hauin con la acusación de
su hija, el contestó simplemente "¿es así?"
Cuando el hijo nació, los padres se lo trajeron a Hakuin, que ahora
era visto como un paria por todo el pueblo. Le pidieron que se haga
cargo del niño ya que era su responsabilidad. "¿Es así?" dijo Hakuin
con calma mientras aceptaba al niño.
Por muchos meses cuidó muy bien al niño hasta que la hija no pudo
sostener más la mentira que había dicho. Confesó que el verdadero
padre era un hombre joven del pueblo que ella había tratado proteger.
Los padre fueron inmediatamente con Hakuin para ver si devolvería al
bebé. Con grandes disculpas explicaron lo que había pasado. "¿Es
así?" dijo Hakuin y les entregó al niño.

Pasará

Un estudiante fue con su maestro de meditación y dijo, "¡Mi
meditación es horrible! Me siento tan distraido, o me duelen las
piernas, o me estoy quedando dormido constantemente. ¡Es horrible!"
"Pasará", dijo el maestro con toda naturalidad.
Una semana después, el alumno volvió con su maestro. "¡Mi meditación
es maravillosa!¡ Me siento tan conciente, tan tranquilo, tan vivo!
¡Es maravilloso!
"Pasara", dijo el maestro con toda naturalidad.

Conocer a los peces

Un día Chuang Tzu y un amigo caminaban por un río. "Mira a lo peces
nadando allí," dijo Chuang Tzu, "realmente están disfrutando."
"Tu no eres un pez," contestó el amigo, "Así que no puedes saber
realmente que están disfrutando."
"Tu no eres yo," dijo Chuang Tzu. "¿Así que cómo sabes que yo no sé
que los peces están disfrutando?"

Aprendiendo de la manera difícil

El hijo del maestro ladrón le pidió a su padre que le enseñara los
secretos de la profesión. El viejo ladrón aceptó y esa noche lo llevó
a robar una gran casa. Mientras la familia estaba dormida,
silenciosamente llevó al joven aprendiz a un cuarto que contenía un
ropero. El padre le dijo a su hijo que entre al ropero y tome algunas
prendas. Cuando lo hizo, su padre rápidamente cerró la puerta y lo
encerró. Luego salio de la casa, golpeó con fuerza la puerta del
frente, despertando a la familia, y rápidamente se escapó para que
nadie lo viera. Horas más tarde, su hijo regresó a casa, despeinado y
muy cansado. "Padre", gritó enojado, "¿Por qué me encerraste en el
ropero? Si no hubiera estado desesperado por mi miedo a ser atrapado,
nunca huviera escapado. ¡Me costó toda mi ingenuidad salir!" El viejo
ladrón sonrió. "Hijo, has recibido tu primera lección en el arte del
robo

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26/02/2008

RITOS TIBETANOS

 

RITO NUMERO UNO
El Primer Rito es muy sencillo. Se realiza con el objetivo expreso de acelerar los vortices. Los niños lo hacen constantemente cuando juegan.

Todo lo que tienes que hacer es pararte erguido con los brazos extendidos hacia los lados del cuerpo (en cruz), de forma que queden en posición horizontal respecto al suelo. Luego gira hasta sentirte ligeramente mareado. Debes girar de izquierda a derecha, en el mismo sentido que las agujas de un reloj.


Al principio, la mayoría de los adultos podrán girar sólo media docenas de veces antes de sentirse muy mareados. Si consideras necesario sentarte o acostarte para recuperarte, hazlo.

Así que los primeros días, deja de hacerlo cuando te sientas ligeramente mareado. Con el tiempo, a medida que vayas practicando los cinco ritos, irás haciendo más y más giros sintiendo menos mareo.
También puedes hacer lo que hacen bailarines y patinadores artísticos para evitar el mareo: antes de empezar el primer giro, fija un punto exactamente frente a ti. Cuando empieces a hacer el primer giro, continúa con la vista fija en ese punto mientras te sea posible. Luego tendrás que perderlo de vista, para que la cabeza pueda girar con el resto  del cuerpo. Haz girar la cabeza muy rápido y vuelve a enfocar el punto.

 


©ecohierbas 2001

 

 

RITO NUMERO DOS
Tiéndete sobre el suelo boca arriba. Es mejor acostarse sobre una alfombra gruesa o sobre algún tipo de superficie acolchada.
Completamente estirado sobre tu espalda, extiendes los brazos a lo largo del cuerpo , poniendo sobre el suelo las palmas de la mano, con los dedos bien unidos.
Luego levantas la cabeza y aprietas la barbilla contra el pecho. Una vez hecho esto, levanta las piernas sin flexionar las rodilla hasta alcanzar la posición vertical.
Puedes dejar que las piernas se deslicen hacia la cabeza, pero no dejes que se te doblen las rodillas.
Entonces baja lentamente la cabeza y las piernas sin doblar las rodillas, hasta tocar el suelo. Deja que todos los músculos se te relajen, y luego repite el rito.
Con cada repetición se debe establecer un ritmo de respiración. Aspira profundamente mientras levantas las piernas y la cabeza. Expira todo el aire mientras las bajas. Cuando estés en posición de relajación, continua con este ritmo. Mientras más profundamente respires, mejor.
Si al principio no eres capaz de mantener las piernas estiradas, deja doblar las rodillas lo que necesites. Pero esfuérzate por intentar estirarlas

 

 
 
RITO NUMERO TRES
El Tercer rito debe practicarse inmediatamente después del segundo. También es muy sencillo. 


Todo lo que necesita hacer es ponerse de rodillas sobre el piso manteniendo el cuerpo erguido. Las manos deben ponerse sobre los músculos de los muslos. 


Entonces inclinas la cabeza y el cuello hacia delante, apretando la barbilla contra el pecho. Luego tiras de la cabeza y el cuello hacia atrás tanto como te sea posible, y al mismo tiempo te inclinas hacia atrás arqueando la columna, manteniendo las manos sobre los muslos. 


Después volverás a la posición original y comienzas el ejercicio nuevamente. 


Debes establecer también un ritmo de respiración: aspirarás profundamente cuando arquees la columna y expirarás cuando regreses a la posición original. La respiración profunda es la más beneficiosa, así que toma todo el aire que te permitan tus pulmones.

 


RITO NUMERO CUATRO
La primera vez que se practique este rito puede parecer muy difícil, pero al cabo de unos días será tan fácil como el resto. 

Primero, siéntate sobre el suelo con las piernas estiradas hacia delante, con una separación entre los pies de 12 pulgadas aproximadamente. Con el torso erguido, coloca las palmas de las manos sobre el suelo de manera que queden al lado de tus glúteos. Aprieta la barbilla contra el pecho. 

 





Luego echas la cabeza hacia atrás lo más posible, a la vez que levantas el cuerpo de manera que las rodillas se doblen mientras los brazos permanecen rectos. El torso quedará en línea recta con los muslos formando un plano horizontal con respecto al suelo. Los brazos y las piernas se  mantendrán rectos, perpendiculares al suelo. Después tensa todos los músculos del cuerpo. 

Finalmente, relajas los músculos mientras vuelves a la posición original de sentado y descansas antes de repetir el ejercicio. 

Una vez más, la respiración es muy importante: aspira profundamente mientras levantes el cuerpo, contenla mientras tenses los músculos y expira completamente mientras bajas. Sigue al mismo ritmo cuando descanses entre repeticiones.
 


©ecohierbas 2001

consultas@ecohierbas.com

 
RITO NUMERO CINCO
Coloca el cuerpo boca abajo y sostenlo con las palmas de las manos. Los dedos de los pies déjalos flexionados para hacer este ejercicio . Tanto las manos como los pies los debes colocar a cierta distancia entre sí. Los brazos y las piernas los mantendrás rectos. 


Comienza con los brazos perpendiculares al suelo y la columna arqueada de forma que el cuerpo quede flexionado. Tira de la cabeza hacia atrás lo más posible. Después flexionas el cuerpo a la altura de las caderas y lo colocas en forma de V invertida. Al mismo tiempo, echa la barbilla hacia delante oprimiéndola contra el pecho. 


Después vuelve a la posición original y repite el ejercicio. 


A finales de la primera semana, generalmente las personas consideran este rito uno de los más fáciles de hacer. Cuando lo dominas, dejas caer el cuerpo desde la posición alta hasta un punto muy próximo al suelo, sin llegar a tocarlo. Tensa los músculos un momento, tanto en la posición alta como en la baja. 


Sigue aplicando el mismo patrón de respiración. Aspira profundamente cuando levantes el cuerpo y exhala totalmente mientras lo bajas.

 

Posted by jmp at 10:53:09 | Permanent Link | Comments (0) |

EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO

Nos hemos acostumbrado a creer que la felicidad es una especie de competencia olímpica para tener más, ser más exitoso, sentir más placer y hacer más cosas…

El hombre más feliz del planeta es un individuo que vive en una celda de dos por dos, no es dueño ni ejecutivo de ninguna de las compañías del Fortune 500, no tiene relaciones sexuales desde hace más de 30 años, no vive pendiente del celular ni tiene Blackberry, no va al gym ni maneja un BMW, no viste ropa de Armani ni Hugo Boss, desconoce tanto el Prozac como el Viagra o el éxtasis, y ni siquiera toma Coca-Cola.

En suma: el hombre más feliz del planeta es un hombre que no tiene dinero, éxito profesional, vida sexual, ni popularidad.

Su nombre es Matthieu Ricard, francés, occidental por nacimiento, budista por convicción y el único entre cientos de voluntarios cuyo cerebro no sólo alcanzó la máxima calificación de felicidad prevista por los científicos (-0.3), sino que se salió por completo del “felizómetro”: -0.45.

Los 256 sensores y decenas de resonancias magnéticas a las que Ricard se sometió a lo largo de varios años para validar el experimento no mienten:

Allí donde los niveles en los simples mortales es muy alto, - estrés, coraje, frustración - en el cerebro de Ricard, estas sensaciones negativas sencillamente no existen.

Por el contrario, ahí donde la mayoría de voluntarios mostró bajísimos niveles -satisfacción y plenitud existencial-, Ricard superó todos los índices.

Esto es, en todas y cada una de las sensaciones positivas, dando origen al título de “el hombre más feliz del planeta” (www.elmundo. es, 22 de abril)

Lo paradójico del caso no es que él sea un hombre tan feliz, sino cómo llegó a serlo:

Desprendiéndose de todo aquello en lo que los occidentales suponemos radica la felicidad: fe en un Dios salvador, éxito profesional, pericia científica, dinero, posesiones, relaciones humanas y consumo, consumo, consumo…

Y es que Ricard no es ajeno a nada de esto: hijo del miembro emérito de la academia francesa Jean François Revel, Ricard no se dejó deslumbrar por el ateísmo ilustrado de su padre, ni por su fe de nacimiento; tampoco sus estudios de genética celular en el Instituto Pasteur le trajeron la satisfacción deseada.

Con el mundo a sus pies y a punto de convertirse en una eminencia científica Un buen día decidió que ése no era el rumbo que él quería para su vida.

Se fue al Himalaya, adoptó el celibato y la pobreza de los monjes, aprendió a leer el tibetano clásico e inició una nueva vida desde cero.

Hoy es la mano derecha del Dalai Lama y ha donado millones de euros -producto de la venta de sus libros- a monasterios y obras de caridad.

Pero eso no es la causa, sino la consecuencia de su felicidad…

La causa hay que buscarla en otro lado, dice el jefe del estudio, Richard J. Davidson, y no es ningún misterio ni gracia divina:

Se llama plasticidad de la mente. Es la capacidad humana de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que elegimos entretener.

Resulta que al igual que los músculos del cuerpo, el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que más utilizamos.

A más pensamientos negativos, mayor actividad en el córtex derecho del cerebro y en consecuencia, mayor ansiedad, depresión, envidia y hostilidad hacia los demás.

En otras palabras: más infelicidad autogenerada.

Por el contrario, quien trabaja en pensar bien de los demás y ver el lado amable de la vida, ejercita el córtex izquierdo, elevando las emociones placenteras y la felicidad.

Ricard advierte que no se trata de decidir ver la vida en rosa de un día para otro, sino de trabajar sistemáticamente en debilitar esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno, y paralelamente, comenzar a ejercitar los músculos mentales que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra propia felicidad

(M. Ricard, En defensa de la felicidad, Ed.Urano).

Al final, los resultados del estudio de nuestra civilización consumista donde el Prozac se vende cuatro veces más que el Viagra - confirman ahora sí con pruebas científicas en mano, lo que humanistas y profetas de todas las épocas han venido diciendo …sin que los científicos materialistas les dieran ni un mínimo de crédito…

A saber: que la felicidad es un asunto del espíritu.

- No depende de nada ni de nadie externo a la persona (Buddha)
- La clave para ser feliz mora en el interior de cada quien (Jesús)
- La felicidad es un hábito, o el resultado de varios hábitos (Aristóteles)

Ricard admite que su camino no es más que uno entre muchos, Pero advierte que ser feliz necesariamente sucede al dejar de culpar a los demás de nuestra infelicidad y buscar la causa en nuestra propia mente.

“Vivir las experiencias que nos ofrece la vida, es obligatorio; sufrirlas o gozarlas, es opcional”.

Posted by jmp at 10:36:04 | Permanent Link | Comments (0) |

20/02/2008

EL VERDADERO DIOS ESTA EN TU CORAZÓN

EL VERDADERO DIOS

 

En este mundo sumergido en una gran trampa mental, del materialismo los odios, rencores, envidias, competencias, lujuria, deseos, estos sentimientos nos impide ver o sentir a Dios ,por otro lado muchas religiones crean divisiones entre sus pares ,por esta razón se ha creado un cielo Musulmán, Católico, Testigo de Jehová ,Evangélico , Bautista, Pentecostés ,Budista, Hinduista , Fen sui, Judíos  secta peligrosa los niños de Dios entre otras ,también tenemos lo que adoran a Satanás ,la nueva era ,los brujos ,los iluminatis , masones y los que trabajan con la meditación y la metafísica que tremendo enredo esta sumergido este mundo loco, pero el amor ,la paz , el gozo ,la alegría felicidad  con todo cariño no esta en lo material ni en lo espiritual ,esta en tu corazón que donde mora Dios la santa Biblia dice en  Hechos 17.24-25 “El Dios del que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él hay , siendo Señor del cielo y la tierra , no habita en templos hechos por manos humanas .Dios no necesita nada de nosotros esto es muy duro ,porque en muchas Iglesias da entender que si .Pero lo más hermosos que podemos salir del control Matriz social que estamos programados desde niños ,nos dicen que lo bueno y que es lo malo para mis amigos los chinos en sus libros de medicina tradicional China no hay bueno ni malo todo es energía  y esto es verdad todo es energía o el Qi . Es una manera de ver la vida, aquí en este blog no hay consejo no hay orientación mi corazón habla a tu corazón, muchos de nuestros problemas son creados  por  agentes externos ajenos a nosotros programa de de nuestros familiares, que se trasmite por generación en generación lo más difícil es despertar de estos  sueños, pero bueno como te explico mis amigos invisibles tu vive como quieras .Si quieres una orientación  en angelluz38@yahoo.com puedo ayudar a un nuevo despertar ,que Dios Te bendiga shalom .  ¿A QUE SE PARECE LA VIDA ‘ Le preguntan unos niños a su abuelo y este les responde a la lucha de dos lobos ,un lobo es amargado ,envidioso , infeliz , torturado por la cosas que no tiene y no disfruta de lo que tiene ,ira, lujurioso . El otro lobo es amor, paz, gozo, felicidad, ternura. Y los niños preguntan abuelito cual de los dos lobos gano .El abuelo respondió  gana el lobo que tu más alimentes. 
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27/01/2008

EVANGELIO SEGÚN TOMAS OJO VERSICULO 3 Y 77

Evangelio según Tomás (Gnóstico)

Texto copto de Nag Hammadi

Estas son las palabras secretas que pronunció Jesús estando vivo y que Dídimo Judas Tomás consignó por escrito.

1. Y  Tomás dijo: «Quien encuentre el verdadero sentido de estas palabras no conocerá la muerte».

2. Dijo Jesús: «Quien está buscando, no dejará de buscar hasta encontrar. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo».

3. Dijo Jesús: «Si aquellos que os guían os dijeren: Ved, el Reino está en el cielo; entonces las aves del cielo estarán mejor que vosotros. Y si os dicen: Está en la mar, entonces los peces, también estarán mejor que vosotros. En verdad el Reino está tanto dentro como fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y os daréis cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumergidos en la pobreza y sois la pobreza misma».

4. Dijo Jesús: «No vacilará un anciano a su edad en preguntar a un niño de siete días por el lugar de la vida, y vivirá; pues muchos primeros vendrán a ser últimos y terminarán siendo uno solo».

5. Dijo Jesús: «Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto».

6. Le preguntaron sus discípulos diciéndole: «¿Quieres que ayunemos? ¿Y de qué forma hemos de orar y dar limosna, y qué hemos de observar respecto a la comida?» Jesús dijo: «No mintáis ni hagáis lo que aborrecéis, pues ante el cielo ninguna cosa está oculta, ya que nada hay oculto que no termine por ser descubierto y nada escondido que pueda mantenerse sin ser revelado».

7. Jesús dijo: «Dichoso el león que al ser ingerido por un hombre se hace hombre; abominable el hombre que se deja devorar por un león y éste se hace hombre».

8. Y dijo: «El hombre se parece a un pescador inteligente que echó su red al mar y la sacó de él llena de peces pequeños. Al encontrar entre ellos un pez grande y bueno, aquel pescador inteligente arrojó todos los peces pequeños al mar y escogió sin vacilar el pez grande».

9. Dijo Jesús: «He aquí que el sembrador salió, llenó su mano y desparramó. Algunos granos de simiente cayeron en el camino y vinieron los pájaros y se los llevaron. Otros cayeron sobre piedra y no arraigaron en la tierra ni hicieron germinar espigas hacia el cielo. Otros cayeron entre espinas —éstas ahogaron la simiente— y el gusano se los comió. Otros cayeron en tierra buena y ésta dio una buena cosecha, produciendo sesenta y ciento veinte  veces por medida».

10. Dijo Jesús: «He arrojado fuego sobre el mundo y lo estoy manteniendo hasta que arda».

11. Dijo Jesús: «Pasará este cielo y pasará asimismo el que está encima de él. Y los muertos no están vivos, y los vivos no morirán. Cuando comíais lo que estaba muerto, lo hacíais revivir; ¿qué vais a hacer cuando estéis en la luz? El día en que erais una misma cosa, os hicisteis dos; después de haberos hecho dos, ¿qué vais a hacer?».

12. Los discípulos dijeron a Jesús: «Sabemos que tú te irás de nuestro lado; ¿quién va a ser el mayor entre nosotros?» Díjoles Jesús: «Dondequiera que os hayáis reunido, dirigíos a Santiago el Justo, por quien el cielo y la tierra fueron creados».

13. Dijo Jesús a sus discípulos: «Haced una comparación y decidme a quién me parezco». Dijóle Simón Pedro: «Te pareces a un ángel justo». Díjole Mateo: «Te pareces a un filósofo, a un hombre sabio». Díjole Tomás: «Maestro, mi boca es absolutamente incapaz de decir a quién te pareces». Respondió Jesús: «Yo ya no soy tu maestro, puesto que has bebido y te has emborrachado del manantial que yo mismo te he ofrecido». Luego le tomó consigo, se retiró y le dijo tres palabras:       áhyh ashr áhyh (Soy Quien Soy). Cuando Tomás se volvió al lado de sus compañeros, le preguntaron éstos: «¿Qué es lo que te ha dicho Jesús?» Tomás respondió: «Si yo os revelara una sola palabra de las que me ha dicho, cogeríais piedras y las arrojaríais sobre mí: y de estas saldría fuego y os quemaría ».

14. Díjoles Jesús: «Si ayunáis, os cometeréis  pecado; y si hacéis oración, se os condenará; y si dais